La luna estaba fría, además de sucia. A través de ella, la figura de Críspula perdía altura a cada paso, hasta que se convirtió en un punto cuando se unió a la cola que aguardaba a que abriese la taquilla. Válmar, sin dejar de observarla, prestó atención a la canción que sonaba en la radio del coche. cuentos
Vivir en pecado
no es medalla al buen gusto,
mas bien es una condena.
Cuando el placer
se pierda en tu labios,
la dosis aumentarás.
Y poco a poco
los sentidos se irán
hasta que no puedas gritar:
Caer, caer y caer,
caer y caer lo vale.
Caer, caer y caer,
caer y caer lo vale. Nada mejor
que vivir en perdón
con la tentación acechando.
Cuando tú caigas
te sabrá como a nuevo
aquello que nunca olvidaste.
Y sin tocar fondo,
aunque el esfuerzo lastime,
te recobrarás para volver a caer.
Caer, caer y caer,
caer y caer lo vale.
Caer, caer y caer,
caer y caer lo vale.
Nada peor
que vivir en pecado
con los sentidos nublados.
Lo que prefiero
es saberme tentado
para caer al tener el control.
Y suavemente,
con los sentidos frescos,
disfrutar el premio a la superación.
Caer, caer y caer,
caer y caer lo vale.
Caer...
 Válmar dejó abierta la puerta del coche. Quería que la música lo siguiese, si fuese posible, hasta donde estaba Críspula. En el camino, tiró el último cigarrillo que se juró fumar… hasta que ella cayese con él. ( Continuará)
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