En la cabeza de Válmar, los sinsentidos y las interpretaciones erróneas se esclarecieron a causa de la luminosidad, casi cegadora, de las últimas cuatro palabras de Críspula: “Espero un hijo tuyo”. El silencio que los envolvía solo fue percibido por ellos dos. El resto del público blandía los mecheros al compás de la música. cuentos
Cuando no hay danza que traiga vida,
ni tambores ni cantos que la despierten,
queda resguardarse a la sombra del tronco
y confiar en la profundidad de las raíces.
Cuando ya no hay lágrimas de alegría,
ni sudores ni risas que las provoquen,
queda agitar muy suavemente el abanico
y hacer durar las gotas bajo las pieles. Cielo azul con nubes blancas,
nubes blancas de mil formas,
mil formas que nos divierten,
a la espera de una gris.
La esperanza son dos oasis
que se conservan en la mirada
y que lentamente se evaporan
para formar la nube gris.
Cuando gota a gota reflorezca la vida,
cuando las lágrimas de alegría abunden,
nos miraremos bajo aquel frondoso tronco
a la espera de nuevas y largas sequías.
Cielo azul con nubes blancas,
nubes blancas de mil…
 Válmar quiso romper el silencio con una sonrisa. No pudo. Tenía miedo. No sabía exactamente de qué. La amaba, sin duda. Amaba a Críspula, que se alejaba hacia los servicios. ( Continuará Episodios anteriores)
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