Cuentos para pensar Recuerdos

Una navidad sólo contigo

  • Los lectores consideran que el recuerdo en sí es sumamente bueno. Además, les parece que está muy bien contado.
  • A Pamela le han enviado 298 abrazos, 219 sonrisas, 314 besos y 245 buenos recuerdos.


  • por Pamela
    México / 2006

    Fecha de alta 08-11-2008


    Una Navidad en mi casa, es la que en otras partes pueden celebrar. Mi madre no tiene tiempo de hacer nada aunque quiera, y termina comprando algo ya hecho; mis hermanos, que ya son todos unos hombres, traen a su familia y mis cuñadas preparan algo para comer. Mis padrinos vienen a mi casa y toda la noche es diversión para todos excepto yo.

    Para no redundar más en el asunto, mi apodo en estas fechas es el "grinch". No me visto con adornos alusivos a las fechas que todos celebran esos días, estoy de huelga y me visto de negro, mis padres y familiares brindan por todo: por lo bueno, por lo malo, y terminan embriagados y yo también. Y es que la Navidad es algo doloroso para mí.

    Ya sé que a los adultos los problemas de adolescentes se les hacen fáciles de resolver, pero por algo son adultos. En su mundo todo se resuelve con golpes, o una buena terapia de medicamentos carísimos recetados por un psicólogo, o comprando todo lo que quieren o embriagándose. Pero en nuestro mundo las cosas son diferentes, no es que no me guste la comida o las reuniones pero casi siempre termino huyendo, salgo con cualquier pretexto a fumar un cigarrillo a escondidas o a caminar.

    A veces eso es más bueno que la medicina, y caminando un día cualquiera puedes ver lo que algunas veces no ves. En mi caso siempre veo y pongo atención a todo, desde lo feliz hasta lo doloroso.

    Metidas mis manos en mi costoso regalo de navidad, es decir en una gabardina de una marca "famosa", mi cajetilla de cigarros abierta y mi encendedor a la espera de mi dedo, observé la casa de mi novio. No iba a entrar, de hecho me estaba marchando cuando una mano me arrebató el cigarro y lo aventó al suelo.

    Era él, que enojado me reclamaba el estar sola fuera de mi casa en Navidad y a las seis de la tarde con un cigarro, siendo que era una mujercita. Me fijé en que traía unas bolsas del supermercado y le ayudé a cargarlas; cuando entré no podía creer lo que estaba viendo. Él estaba solo, sus padres salieron a una de esas reuniones de oficina dejando a su único hijo solo.

    El corazón se me estrujó. Lo miré. Él tenía como siempre esa sonrisa en la cara, creo que se notó demasiado mi asombro porque seguidamente me dijo:
    -No me siento solo... ya estoy acostumbrado... cada año siempre es igual, así que yo hago mi propia celebración, y tú... deberías irte a casa... es tarde.

    No podía irme después de saber que él estaría solo, y aunque quería no podía evitar que las lágrimas empezaran a formarse en mis ojos. Él me miró sorprendido por mi reacción y yo lo único que hice fue sacar el teléfono móvil e informar a mis padres que estaba en casa de una amiga que estaba sola y que me quedaría a acompañarla en esa noche prometiendo volver en la mañana temprano. Él no dijo nada, no se opuso.

    Se veía contento como un niño cuando abre un regalo en esas fechas, con ese brillo en los ojos y esa sonrisa que contagia. Le ayudé a preparar una pequeña cena con lo que había comprado y sacó de su abrigo algo que yo no vi bien y lo ocultó en un cajón.

    No soy muy curiosa, así que no le pregunté. Prendimos el televisor y escuchamos música por un canal de paga mientras él me veía cuando estaba haciendo la cena. De hecho con lo poco que sé de cocina no quedé mal. Mi madre me ha enseñado a hacer postres y una que otra comida especial, así que preparé un lomo al orange y una pasta con carne y queso.

    Él me veía como mi padre veía a mi madre hace tiempo... hace mucho tiempo, y el me dijo:
    -Gracias... no te iba a pedir que te quedaras, de hecho me recordaste que cuando yo era pequeño mi mamá solía hacer la cena para mí y para ella antes de que entrara al trabajo; pero entre más crecía, más me dejaba solo... no sé, pero por un momento creí que eras...mi esposa.

    Nunca se me había subido el color tan rápido al rostro; me sentía apenada, no sabía qué decir o hacer así que sólo sonreí. Me sentía como una mujer... por un momento yo también había pensado en que parecíamos una pareja recién casada pasando su primera Navidad juntos... creo que se notó demasiado mi vergüenza porque él se empezó a reír.

    Cuando terminamos la cena, él se acercó al cajón y sacó una caja cuadrada envuelta con papel brillante de color dorado y me abrazó diciendo feliz navidad. Seguidamente abrí el obsequio y me encantó la sorpresa; era una caja en donde había puesto algunas cosas que me gustaba, entre dulces y serpentinas, estaba una libreta con hojas en blanco y forrada de cuero negro, un libro de poesía de mi autor favorito, una pequeña cajita musical con nuestras iniciales, un despertador (ya que a mi siempre se me hace tarde), unos listones para el cabello y un par de aretes con piedras rojas y un pañuelo con mariposas... y yo le di su regalo, que era una cajita morada, una tarjeta y un pensamiento en una servilleta que mi abuela y mi madre me ayudaron a bordar. Él abrió la cajita y sus ojos se iluminaron.

    Había ahorrado mucho para ese regalo pero había valido la pena, era un relicario de oro con nuestra foto y una inscripción atrás que decía "juntos siempre", él me abrazó y noté que temblaba, más bien lloraba mientras susurraba ya no estoy solo, gracias... Nos quedamos abrazados hasta que me quedé dormida en sus brazos.

    Así amanecí, entre sus brazos, a su lado. No lo había dejado. Sólo era su novia y esperaba ser más que eso, y aunque hemos pasado unos meses separados por un amor falso en mi escuela, hace poco me di cuenta que mi deseo de ese año se ha cumplido... estar juntos ya lo he aceptado ese es nuestro destino, hemos vuelto a ser novios nuevamente y estoy segura de que pasaremos otra feliz Navidad abrazados como esa vez.

    (Recuerdo escrito el 13 de diciembre del 2007)


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