Cuentos para pensar Recuerdos

Infancias

  • Los lectores consideran que el recuerdo en sí es muy bueno. Además, les parece que está bien contado.
  • A Mirta Alicia Fernández le han enviado 461 abrazos, 322 sonrisas, 413 besos y 429 buenos recuerdos.


  • por Mirta Alicia Fernández
    Argentina / 2007

    Fecha de alta 19-03-2007


    Me pedían la luna, risueños y expectantes. Sólo debía alzarme de puntillas y la luna les daba, feliz de complacerlos. Me pedían el sol y les explicaba que tenía un lugar en el espacio... alto, muy alto y desde allá nos entibiaba. Si lo tocaban se quemarían y eso dolía... me miraban decepcionados por no tener el sol. Dibujaba entonces un enorme sol en la pared del patio. Lo pintaba de fuertes naranjas y amarillos. Acercaban sus manitos para acariciarlo. Se sentían complacidos... Ya tenían el sol. 

    Me sentía complacida de contar con los trucos necesarios para cada situación. Me sabía imprescindible en sus tiernas vidas y por ende, importante. Hoy si piden algo material utilitario, mucho menos grandioso que el sol o que la luna, mis ojos se nublan por la incompetencia con aquella que fui. Mi poder claudicó con la infancia de ellos. Soy absolutamente prescindible y pobre. Aunque llevo un lucero en cada mano para ellos, no lo ven. Les falta tiempo. Tengo también un arco iris luminoso y quiero invitarlos a recorrer el azul... Están ocupados en más trabajo por más plata. Sus miradas enfocan a otras direcciones. Tengo sin embargo tanto para darles todavía, pero se convierte en nada, porque al crecer cambiaron la frecuencia. Pertenecen a un mundo de exigencias materiales y perfeccionamiento tecnológico constante. 

    El otrora mágico sol, debido a polución, deshechos industriales y otros varios ocasionados por la actitud destructiva del hombre, recalienta los polos, se derriten los glaciares y el proceso lleva a un crecimiento de los océanos, que arrebataran tierras, con las consecuencias lógicas... muertes, pobreza, plagas etc. 

    Cruzo los brazos por delante del pecho abrazándome: Soy lo único que tengo, duele. Todavía escribo algo... poco. A veces camino por parque Rivadavia. Me encanta el verde, el olor del césped recién cortado, los floridos canteros de noviembre. Si descubro algún cochecito, con "un paquetito" adentro, me detengo. Sonrío y la extrañeza hace que vea allí, "otros paquetitos" similares. Levanto mi cara hacia el sol. No tengo que alcanzarlo, a nadie le interesa. Soy prescindible... inadvertida.... anónima... y anciana.


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