Cuentos para pensar Recuerdos

Existen días muy raros

  • Los lectores consideran que el recuerdo en sí es muy bueno. Además, les parece que está bien contado.
  • A Aldana Vargas le han enviado 271 abrazos, 336 sonrisas, 334 besos y 258 buenos recuerdos.


  • por Aldana Vargas
    Argentina / 1998

    Fecha de alta 20-10-2007


    Cuando tenía 24 años, en el año 1998, yo trabajaba de bailarina en pleno centro de Buenos Aires.

    Mi trabajo no era muy artístico que digamos, pero me pagaba mi techo, restaurantes, y por supuesto el envío semanal de dinero a mi madre más, para su remedio.

    Lo bueno de todo esto, es que a una bailarina en ese lugar si alguien quiere invitarte a beber un buen champán o cava, el cincuenta por ciento del valor de la botella pasa a tu bolsillo y no hay ninguna obligación, más que de acompañar hasta que la botella esté vacía.

    Como yo carecía de un documento de identificación por problemas antes mencionados (1987), no pude ahorrar en un banco. Pero mi mejor banco fue mi abuela.

    Yo viajaba hasta provincia todos los meses para darle mis ahorros, y cuando perdía la cuenta, ella lo sacaba de entre las chapas de su casa y me daba los rollos de billetes (dólar), y así junté, junté, hasta que decidí buscar mis papeles al Paraguay.

    Pronto lo conseguí. Cuando tramité mi permiso de residencia en Argentina, un caballero español, Carlos, me ayudó a empadronarme y me empleó en uno de sus locales de juegos de azar (bingo) en capital; y así, después de unos meses pude sacar un crédito privado por escribano.

    ¿Pagar mi propia casa antes de seguir pagando un alquiler? Pensé.
    ¡Difícil!
    Pero no imposible.

    Un día, iba camino al trabajo muy apurada, ya casi maquillada para cuando llegue.

    Subo al taxi, recuerdo que era un Ford Falcon de los viejos y de fierro, lo apuré al chofer y cuando me faltaba tres cuadras antes de doblar por Corrientes, visualicé un perro herido y en movimiento, uno callejero.

    Sentí un nudo en mi pecho y grité al chofer que parase para acoger al perro y llevarlo a un hospital municipal, (hoy quedan pocos).

    Al principio se negó, y cuando le dije que le pagaría las molestias de lavar luego su auto de sangre, asintió y dimos la vuelta cuando cortó el semáforo, lo subimos y el pobre lloraba de dolor.

    Si lo dejábamos, lo seguirían pisando los autos por ser una avenida muy transitada y muy ancha (la Nueve de Julio cerca del obelisco).

    Bueno. Ya en el hospital con el perro y despidiéndome del chofer, me quedé esperando por su vida.

    El veterinario que lo atendió, me dio la mala noticia de que no se pudo hacer nada por salvarlo ya que era muy viejo y estaba muy mal alimentado.

    Señorita, me dijo, nosotros no tenemos derecho al uso de los medicamentos y tampoco el hospital, de darle una inyección a todos los perros y gatos que trae la gente para dormirlos. No tenemos presupuesto.

    Entiendo, cuánto sale dejarlo dormir y que tenga una muerte sin más dolor, por lo menos eso podemos darle; le dije, ya que en vida no tuvo suerte.

    Pagué y me quedé con él en un cuarto con un ventanal muy grande. Dije en voz baja a San Roque, que lo lleve pronto.

    Llegué tardísimo al trabajo y el dueño me regañó y no me creía lo del perro. Pero cuando escuchó de entre el ruido de la música a un cachorrito (que el veterinario me pido que adoptase), me miró y me dijo: vos no vas a cambiar jamás, siempre haces lo que queres aquí. Y me mandó a cambiarme de ropa para salir a la pista.

    Eso sí, toda la noche le preguntaron al dueño de donde salían esos llantos de perro y él contestaba ¿qué perro?


    Si deseas, valora este recuerdo:

    1) El recuerdo en sí me ha gustado...
    muchísimo mucho poco muy poco

    2) La manera de contar el recuerdo me ha...
    encantado gustado parecido regular impedido disfrutarlo

    Si quieres saludar al escritor de este recuerdo, puedes mandarle...
    un abrazo una sonrisa un beso tus recuerdos