Cuentos para pensar Recuerdos

Cabeza hueca

  • Los lectores consideran que el recuerdo en sí es sumamente bueno. Además, les parece que está bien contado.
  • A Norma Kocjancic le han enviado 476 abrazos, 517 sonrisas, 488 besos y 437 buenos recuerdos.


  • por Norma Kocjancic
    Argentina / 1958

    Fecha de alta 12-10-2007


    El patio no era muy grande, las macetas con helechos, la parra y las banquetas de mimbre con sus patas verdes lo llenaban. Había apenas lugar para pasar a las diferentes puertas que, una al lado de otra aparecían en la galería cubierta. Ésta desembocaba en la escalera sin techar, tenía altos escalones y baranda de hierro, llevaba al piso superior donde vivían mis abuelos paternos.

    Estaba sentada en esos escalones, abrazaba con amor a mi muñeca negra vestida con telas fruncidas y multicolores. La acunaba. Le cantaba. Resaltaba en la muñeca de loza, el turbante ajustado con un nudo en la coronilla, a través de él asomaban unos pequeñitos rulos ensortijados, como la viruta que mamá pasaba sobre el parquet, pero no eran plateados, eran negros.

    Al investigar descubrí que no continuaban en toda la cabeza, era sólo ese manojo pegado sobre la frente negra. ¡El resto estaba pelado! Cubierto con el triángulo de colores que caído sobre mi falda ya no tapaba el misterio.

    -¿Dónde está tu pelo Negrita?
    -Nunca tuve más que ése.
    -¡Qué suerte tenés! A la mañana cuando te peine no te voy a tirar de los rulos.
    -¿Eso es tener suerte?
    -¡Claro! Es horrible que tu mamá te pase el peine y la cabeza se vaya para los costados.

    Sujeté a Negrita y meciéndola entre mis pequeños brazos empecé a hamacarla cada vez más rápido. Ahí noté que sus ojos redonditos y oscuros se abrían al pararla y cerraban al acostarla, al ritmo de mis movimientos.

    -¿Cómo abris y cerrás tan rápido los ojos sin cansarte?
    -Cansarte ¿Qué es eso?
    -Ufff no sé , cuando te cansás no lo querés hacer más!

    Paré a la muñeca sobre mis rodillas y al acariciar su cabeza noté un redondel en el centro, al presionarlo se hundió, dejando justo un hueco para ver su interior.
    -¡Voy a mirar adentro de tu cabeza! ¿La tendrás hueca como dice mi mamá que la tengo yo?
    -¿No son todas las cabezas iguales?
    -¡Nooo! Por eso a mí me retan, ¡la tengo vacía!
    -¡Huyyy! ¿Y la mía... qué tiene?
    -Aquí hay bolitas, alambres... tenés cosas que yo no tengo, por eso mi hermano siempre dice que me falta un tornillo.
    -Bueno, a lo mejor todavía no te creció.
    -¡Ojalá que sí me crezca para ser como todos!.


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